Dante Sica criticó la obsesión de las empresas por el dólar y reclamó que reorienten sus estrategias hacia la mejora de competitividad como eje central de recuperación económica.

Dante Sica realizó declaraciones que ponen sobre la mesa un debate central en la economía argentina: la obsesión de las empresas por el tipo de cambio del dólar como factor determinante de sus resultados, cuando en realidad existen otras variables más críticas para su desempeño. El exfuncionario y analista económico enfatizó que el sector privado necesita cambiar su mentalidad para salir adelante.
En una postura que interpela directamente al empresariado nacional, Sica sostuvo que "las empresas tienen que dejar de mirar el dólar y empezar a mirar su competitividad", según sus declaraciones. Esta frase resume una crítica más profunda sobre cómo el sector privado ha tendido a culpar al tipo de cambio de sus problemas operativos, cuando en muchos casos la verdadera deficiencia radica en la capacidad de innovación, productividad y eficiencia interna.
La insistencia de Sica en que las empresas se concentren en mejorar su competitividad refleja una convicción creciente entre analistas económicos: que Argentina no puede basarse únicamente en ajustes de paridad cambiaria para resolver sus desafíos estructurales. Mientras el dólar es una variable importante, especialmente para sectores exportadores y dependientes de importaciones, no es la única —ni tal vez la principal— palanca para elevar la productividad del tejido empresarial.
Este diagnóstico adquiere especial relevancia en un contexto donde muchas empresas argumentan que la volatilidad cambiaria les impide planificar inversiones a largo plazo. Sin embargo, la propuesta de Sica va en otra dirección: invita a ver en esa incertidumbre un incentivo para fortalecer la eficiencia operativa, los procesos internos, la calidad de productos y servicios, y la capacidad de respuesta rápida a cambios en el mercado.
Reorientar la mirada empresarial desde el dólar hacia la competitividad significa, en términos prácticos, que las firmas deben invertir en tecnología, capacitación de personal, investigación y desarrollo, y mejora continua de sus procesos productivos. Estos son elementos que generan ventaja sostenible en el tiempo, a diferencia del tipo de cambio, que fluctúa según dinámicas macroeconómicas globales y locales fuera del control directo de cada empresa individual.
Para sectores como el industrial, el agrícola, el de servicios y el tecnológico, esta recalibración de prioridades podría significar cambios importantes en sus planes de inversión. En lugar de esperar a que la cotización del dólar sea "favorable" para expandirse o importar equipos, las empresas podrían aprovechar cualquier contexto para mejorar internamente, lo que después redunda en mayor competitividad frente a competidores nacionales e internacionales.
Las declaraciones de Sica se enmarcan en un debate más amplio sobre las responsabilidades compartidas en la economía argentina. Mientras el Gobierno trabaja en estabilizar precios, reducir la inflación y mantener equilibrio fiscal, el sector empresarial tiene su propia cuota de responsabilidad en la generación de empleo, inversión y crecimiento. Una empresa que depende exclusivamente del movimiento del dólar para tomar decisiones está renunciando a ser agente activo de su propio destino.
Historias de éxito en empresas argentinas muestran que aquellas que han logrado crecer y mantenerse vigentes en mercados internacionales o competitivos son precisamente las que invertían en mejorar constantemente su propuesta de valor, independientemente de las variaciones cambiarias. Este modelo contrasta con el de empresas que ven cada fluctuación del tipo de cambio como una crisis existencial.
El llamado de Sica es, en esencia, una invitación a que el empresariado argentino adopte una visión estratégica de largo plazo. Esto no significa ignorar el dólar o los indicadores macroeconómicos, sino entenderlos como contexto, no como excusa. La competitividad real se construye con decisiones internas: cómo se organiza la producción, cómo se capacita al equipo, cómo se innova, cómo se escucha al cliente y cómo se mejora la calidad.
En un país donde la volatilidad macroeconómica es estructural, las empresas que logren desacoplarse psicológica y operativamente del tipo de cambio estarán mejor posicionadas para crecer en cualquier contexto. Este es el mensaje central que Sica transmite: no es una pregunta de si el dólar subirá o bajará, sino de si las empresas estarán preparadas para competir sin importar qué.