El PRO mantiene su negativa a eliminar las PASO y bloquea el avance de la reforma electoral de Javier Milei. Cristian Ritondo propone suspenderlas como alternativa.

La reforma política que impulsa el Gobierno nacional enfrenta un obstáculo creciente en el Congreso. El PRO, liderado por Mauricio Macri, se mantiene firme en su rechazo a eliminar las PASO y con esa postura limita las opciones legislativas de Javier Milei en un debate que condensa múltiples tensiones dentro de la coalición gobernante.
La Libertad Avanza carece de los apoyos parlamentarios necesarios para siquiera abrir el tratamiento de la reforma electoral en Diputados, un escenario que ejemplifica la fragmentación política actual. Sin los votos del PRO, el oficialismo no tiene mayoría, y ese déficit es precisamente lo que Cristian Ritondo, jefe de la bancada macrista en la Cámara baja, está aprovechando para imponer su propio criterio sobre los cambios al sistema electoral.
La negociación legislativa ha mutado en los últimos días. Mientras el Ejecutivo insiste en la eliminación de las PASO —ese sistema de primarias abiertas simultáneas que ha definido los procesos electorales desde 2009—, Ritondo ha planteado una vía alternativa: suspender el mecanismo "bajo ciertas condiciones", según sus propias palabras.
Esa fórmula de suspensión no es casual. Implica un período de vigencia limitada, lo que permitiría renegociar el tema en el futuro próximo y mantendría el instrumento como herramienta política disponible. Para el PRO, es una forma de no ceder completamente en la posición de Milei sin entregarse. Para La Libertad Avanza, es insuficiente.
La disputa por las primarias abiertas es apenas la punta del iceberg. Existe una tensión creciente entre Mauricio Macri y Javier Milei por divergencias programáticas más amplias, agravada por la salida de Manuel Adorni del Gobierno. La partida del ex vocero presidencial fue interpretada en círculos políticos como un síntoma de mayor distanciamiento entre los aliados.
Diego Santilli, designado recientemente en la jefatura de gabinete, fue enviado a negociar precisamente con líderes del PRO en busca de "flexibilidad legislativa", según reportes de las últimas reuniones. El objetivo es destrabar la reforma electoral, pero también suavizar la relación general con Macri. Hasta ahora, los resultados han sido limitados.
Por debajo de las PASO late un conflicto territorial. Se desarrolla una disputa abierta por el control político de la Ciudad de Buenos Aires entre Karina Milei y Mauricio Macri, una batalla que trasciende lo electoral y toca el corazón del poder político del país. No es solo un tema de estructuras partidarias: es sobre quién gobernará la jurisdicción más importante después de la provincia de Buenos Aires.
Esto explica, en parte, por qué Macri no descarta postularse nuevamente en 2027. Esa posibilidad complicaría directamente los planes reeleccionistas de Milei y profundizaría la fractura dentro de la coalición gobernante. Un PRO fortalecido en 2027 con Macra candidato podría ser una fuerza disruptiva para el libertario.
Santilli asumió la jefatura de gabinete con expectativas claras de avanzar en la reforma política, pero su margen de maniobra está reducido por dos factores: los déficit de votos en Diputados y las divisiones internas de la coalición que trascienden las PASO. Sus reuniones con el PRO muestran disposición al diálogo, pero no están produciendo cambios en la posición de Ritondo y Macri.
En paralelo, gobernadores como Ignacio Torres, de Chubut, apoyan la reforma electoral pero exigen coherencia con implementaciones locales. Esa exigencia es importante: no se trata solo de cambiar reglas a nivel nacional, sino de que esos cambios resuenen en las provincias. Una reforma electoral nacional impuesta desde arriba sin consenso territorial puede enfrentar resistencias inesperadas en distritos donde la dinámica local impone otros tiempos.
El proyecto de reforma enviado al Senado no tiene un tratamiento claro definido en comisiones, otro síntoma de la parálisis legislativa. Aunque el Senado tiene una mayoría más favorable a Milei que Diputados, el proyecto necesita sortear primero la Cámara baja, donde está el nudo gordiano de los votos.
Quedan casi cinco meses hasta el cierre de sesiones ordinarias del Congreso, el plazo límite para que esta reforma avance sin necesidad de sesiones extraordinarias. Es tiempo suficiente, en teoría, pero la velocidad de la negociación política sugiere que sin cambios en la estrategia del PRO o del Gobierno, la reforma electoral podría quedar en suspenso nuevamente en 2026.
El escenario es cristalino: La Libertad Avanza necesita al PRO más de lo que el PRO necesita a La Libertad Avanza. Esa asimetría define el poder en la negociación, y Macra y Ritondo lo saben.
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