La estancia La Marión en General Villegas fue símbolo del esplendor ganadero bonaerense y recibió a la realeza británica. Hoy agoniza en ruinas tras ser rematada por deudas.

La estancia La Marión, ubicada en General Villegas, en el noroeste bonaerense, representa uno de los capítulos más notables de opulencia y posterior decadencia en la historia de las propiedades ganaderas del interior de la provincia. Fundada aproximadamente en 1884 por el empresario británico John Alexander Brown, la estancia alguna vez fue escenario de visitas reales y símbolo del esplendor de la actividad ganadera en Argentina. Hoy, sin embargo, sus instalaciones permanecen en estado de abandono y deterioro avanzado.
El origen de La Marión se remonta al ambicioso proyecto de expansión territorial que llevó adelante John Alexander Brown a finales del siglo XIX. El empresario británico logró adquirir aproximadamente 60.000 hectáreas en el noroeste bonaerense, consolidando un imperio agrícola-ganadero que durante décadas sería referente en la región. La visión de Brown era clara: crear un emprendimiento de envergadura que combinara la producción ganadera con la exhibición de razas de primer nivel en el mercado internacional.
Parte central de esa estrategia fue la construcción de un pabellón especializado, conocido como tattersall, destinado a la exhibición y comercialización de ganado de pedigree. Esta instalación extraordinaria fue terminada alrededor de 1917, cuando ya Brown había fallecido — el empresario murió en 1905 y su vasto patrimonio fue dividido entre sus herederos. El control del casco principal de La Marión recayó en su hijo Carlos (Charlie) Brown, quien se hizo cargo de mantener el prestigio y las operaciones de la estancia.
El tattersall fue diseñado para exhibir las mejores razas de ganado de la época: principalmente animales Shorthorn y Hereford, linajes muy buscados en los mercados ganaderos del mundo desarrollado. El establecimiento se posicionó como un espacio de referencia en la región para transacciones comerciales de alto valor y como vitrina del poderío económico de la familia Brown en la provincia de Buenos Aires.
El pico de prestigio de La Marión llegó en 1931, cuando la estancia tuvo el honor de recibir a miembros de la realeza británica. Ese año visitaron la propiedad el príncipe de Gales Eduardo de Windsor y su hermano Jorge, duque de Kent. La visita real consolidó la reputación de La Marión como destino de relevancia internacional y como símbolo de la capacidad empresarial argentina para competir a nivel mundial en materia ganadera.
El príncipe Eduardo, quien años después tendría un rol protagónico en la historia de la monarquía británica, fue testigo de las instalaciones y operaciones de una de las estancias más sofisticadas del país. Poco imaginaba el joven heredero que, en menos de una década, viviría una crisis personal que lo llevaría a abdicar al trono. En enero de 1936, Eduardo ascendió como Eduardo VIII, pero su reinado duró apenas meses. En diciembre de 1936, abdicó de la corona para casarse con Wallis Simpson, una decisión que sacudió a la monarquía inglesa y cambió el curso de la historia británica.
Mientras la realeza británica vivía su propio drama dinástico, La Marión enfrentaba una crisis de índole completamente distinta. La década de 1930 fue devastadora para Charlie Brown y su patrimonio. Las deudas acumuladas lo obligaron a perder el control de la estancia, y la propiedad fue rematada durante esos años de turbulencia económica. El contexto de la Gran Depresión y sus efectos en la economía argentina pesaron sobre los grandes terratenientes, especialmente sobre aquellos cuyas fortunas dependían de la exportación ganadera.
Con la salida de los Brown del control de La Marión, la estancia comenzó su lento declive. Aunque sobrevivió las décadas siguientes bajo otros dueños, nunca recuperó el esplendor ni la importancia que tuvo durante la gestión de la familia Brown. Las inversiones necesarias para mantener las instalaciones en buen estado requieren recursos y visión empresarial que sus sucesivos propietarios no pudieron o no quisieron destinar.
Actualmente, la estancia La Marión permanece en estado de ruinas y abandono avanzado. El tattersall que alguna vez fue orgullo del establecimiento y espacio de encuentro de ganaderos de elite, hoy es testigo silencioso del paso inexorable del tiempo. Las construcciones se deterioran, la falta de mantenimiento ha erosionado estructuras y elementos que alguna fueron símbolos de inversión y modernidad.
La historia de La Marión refleja las transformaciones profundas que vivió la Argentina en el siglo XX: de la época dorada de las exportaciones agrícola-ganaderas a las crisis financieras, de la prosperidad de los terratenientes británicos y sus descendientes a la decadencia de patrimonios que no pudieron sostenerse en el tiempo. La estancia cercana a la antigua estación Volta en General Villegas permanece como un recordatorio silencioso de una era de opulencia que quedó atrás, cuando la ganadería argentina era verdadera reina en los mercados mundiales y una pequeña comisión de reyes europeos viajaba miles de kilómetros para conocer de primera mano las maravillas ganaderas del interior bonaerense.