El Gobierno cuestionó la cumbre peronista en Neuquén, donde líderes del PJ debatieron sobre las PASO. Casa Rosada afirmó que el peronismo "se llevó puesta la Argentina".

La dirigencia del Partido Justicialista realizó una cumbre que se extendió durante aproximadamente cinco horas en Neuquén, con la participación de figuras clave como Axel Kicillof, Sergio Massa, Máximo Kirchner y gobernadores de varias provincias. El encuentro tuvo como objetivo central definir una postura común frente al avance del Gobierno para eliminar las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO).
El peronismo mantiene como prioridad estratégica la preservación de las PASO, mecanismo electoral que le permite ordenar sus disputas internas y presentar una oferta amplia de candidatos para las próximas elecciones presidenciales de 2027. Esta posición refleja la necesidad de la coalición justicialista de contener diversas corrientes ideológicas en su interior mientras se prepara para enfrentar al oficialismo en comicios presidenciales.
Desde La Libertad Avanza se bajó el tono al encuentro peronista. Operadores del Gobierno afirmaron no estar sorprendidos por la realización de la cumbre, rechazando así cualquier dramatización del evento. Sin embargo, simultáneamente, referentes gubernamentales volvieron a cargar contra el peronismo con críticas directas a su gestión histórica, sosteniendo que "se llevaron puesta la Argentina".
Los operadores oficialistas también caracterizaron al peronismo como "el tren fantasma", una descalificación que busca deslegitimar tanto la movilización política como la relevancia electoral del justicialismo en el actual escenario nacional. Esta estrategia comunicacional del Gobierno refleja un doble movimiento: por un lado, minimizar la importancia de la cumbre; por otro, aprovechar cualquier oportunidad para criticar el legado peronista.
Mientras el peronismo se reúne para coordinar una respuesta legislativa común, el oficialismo ejecuta su propio plan para derogar el sistema de primarias. La Casa Rosada busca activamente apoyo de gobernadores aliados para conseguir los votos necesarios en ambas cámaras legislativas y así cristalizar la eliminación de las PASO.
Esta maniobra forma parte de una estrategia más amplia del Gobierno para modificar el mapa electoral de cara a 2027. La eliminación de las PASO beneficiaría al oficialismo al reducir la fragmentación del voto antikirchnerista y evitar que el peronismo muestre su amplitud interna en una única elección.
En paralelo a la presión sobre las PASO, los libertarios han intensificado sus conversaciones con emisarios del PRO y la Unión Cívica Radical. Estos diálogos, en incremento progresivo, buscan construir consensos amplios para la reforma electoral y otros proyectos legislativos del Gobierno.
El oficialismo se muestra confiado respecto a su capacidad de triunfar en las elecciones presidenciales de 2027. Esta seguridad se respalda en la estrategia de alianzas con gobernadores y partidos tradicionales, así como en el trabajo de reconfiguración del sistema electoral que busca maximizar sus ventajas en futuros comicios.
El debate sobre las PASO trasciende el aspecto electoral técnico y se convierte en una batalla política central. Para el peronismo, mantener las primarias abiertas es esencial para expresar su pluralismo interno y ofrecer múltiples opciones a los votantes. Para el Gobierno, su eliminación es un objetivo estratégico que facilita el control del voto opositor y refuerza las posibilidades electorales del oficialismo.
La cumbre neuquina del PJ evidencia la coordinación que existe dentro de la coalición justicialista para enfrentar este desafío. Sin embargo, la confianza manifestada por el Gobierno y su avance en la búsqueda de apoyos legislativos sugieren que la batalla por las PASO será intensa en los próximos meses, con posibles cambios en el marco electoral previo a 2027.