El Niño y las lluvias prolongadas han generado condiciones ideales para la proliferación de hongos en las chacras del Alto Valle rioplatense. La sarna de la pera, causada por Venturia pirina, representa la amenaza principal: una lesión es suficiente para que el fruto quede fuera del mercado.

Las condiciones climáticas generadas por El Niño y el régimen de lluvias inusual han creado un escenario de alto riesgo para los cultivos de pera en el Alto Valle de Río Negro. La combinación de agua prolongada sobre las plantas y temperaturas favorables está facilitando la proliferación de hongos y patógenos que pueden comprometer toda una cosecha. La sarna de la pera, causada por el hongo Venturia pirina, es la principal amenaza que enfrentan los productores en este momento, según alertan especialistas del Conicet y la Universidad Nacional del Comahue.
Aunque el riesgo es nacional, el Alto Valle concentra una de las zonas más productivas de peras del país y por eso los efectos de estas enfermedades tienen impacto económico inmediato. La sarna no es un problema cosmético: una sola lesión es suficiente para que una pera quede fuera del mercado, dejando sin valor comercial frutos que el productor esperaba vender. En la temporada 2017-2018, hubo casos documentados de productores que directamente dejaron fruta en las plantas porque el ingreso esperado no compensaba el costo de la cosecha.
El timing es crítico. Las lluvias han coincidido con la floración de los perales, el momento más vulnerable para que los hongos encuentren puertas abiertas. Cuando una hoja o un fruto joven permanecen mojados durante horas en temperaturas moderadas, el hongo Venturia pirina tiene las condiciones perfectas para germinar e infectar el tejido vegetal. No es solo la lluvia: es la combinación de agua persistente, temperatura y fase fenológica de la planta.
María Cristina Sosa, investigadora independiente del Conicet y profesora adjunta de Fitopatología de la Universidad Nacional del Comahue, destaca que el riesgo de infección depende del tiempo que hojas y frutos permanecen mojados y de la temperatura. La presencia de agua sobre las plantas en estos días ha extendido las ventanas de infección más allá de lo normal. Esto explica por qué se registran casos de sarna en noviembre, diciembre y cerca de la cosecha —períodos que habitualmente presentan menor presión de la enfermedad.
La estrategia de prevención comienza con la observación constante. Sosa recomienda que los productores revisen antecedentes de la enfermedad en temporadas anteriores de sus propias chacras. Si hubo sarna hace dos o tres años, el riesgo hoy es mayor. El siguiente paso es observar las plantas para detectar síntomas en hojas antes de que lleguen a la fruta. Los síntomas iniciales aparecen en el follaje: lesiones oscuras que, si no se frenan, pueden propagarse hacia los frutos en desarrollo.
"Si vemos síntomas en hoja, hay que tratar de frenar que eso llegue a la fruta", señala Sosa. La idea es intervenir temprano, cuando la enfermedad aún está en estadios tempranos y controlables. Esperar a que la sarna llegue al fruto es perder tiempo y dinero.
Un error frecuente entre productores es aplicar fungicidas de forma preventiva en todas las chacras, incluso aquellas que nunca han tenido sarna. Esto no solo genera gastos innecesarios, sino que favorece otro riesgo: la aparición de hongos resistentes a los productos químicos. Sosa es clara en su recomendación: se desaconseja aplicar fungicidas sin justificación técnica en chacras sin antecedentes de la enfermedad.
El camino correcto comienza con diagnóstico. "Primero el buen diagnóstico y después el tratamiento", plantea la investigadora del Conicet. Esto significa evaluar: ¿hubo sarna en años anteriores en esta chacra específica? ¿Qué síntomas se observan ahora mismo en el follaje? ¿Cuál es la previsión climática para las próximas semanas? Solo con esas respuestas tiene sentido planificar una estrategia de control químico.
La sarna es la prioridad inmediata, pero no es la única preocupación. El exceso de humedad puede favorecer podredumbres de raíces y enfermedades durante la conservación de la fruta ya cosechada. Esto significa que los problemas no terminan en el árbol: pueden emerger en cámaras de frío o durante el transporte si las condiciones de almacenamiento no son las adecuadas.
Más allá de la biología de la enfermedad, existe una realidad comercial que presiona a los productores. "El mercado tiene tolerancia cero ante la sarna", afirma Sosa. Los exportadores y distribuidores rechazarán lotes con presencia de la enfermedad, sin importar si la infección es leve. Esto convierte a la sarna no solo en un problema agrícola, sino en una amenaza económica directa para productores que dependen de ingresos por venta de pera.
En el contexto actual, con El Niño modificando patrones climáticos y las lluvias sostenidas en el Alto Valle, la prevención basada en monitoreo técnico y diagnóstico preciso es la única estrategia viable. Los productores que revisen sus antecedentes, observen sus cultivos ahora y decidan intervenciones solo cuando sea necesario, estarán en mejor posición para proteger sus cosechas en las próximas semanas.