Manifestación nacional en favor de la ciencia argentina este miércoles con epicentro en el Obelisco. La CNEA enfrenta una reducción presupuestaria del 45,4% desde el inicio de la gestión actual.

La ciencia argentina volvió a tomar las calles este miércoles en una manifestación de alcance nacional que conectó distintos puntos del país, desde Bariloche hasta el Obelisco en Buenos Aires. La convocatoria reunió a investigadores, científicos y trabajadores del sector en una acción conjunta contra el desfinanciamiento de organismos clave del sistema científico nacional.
El eje central del reclamo se concentró en la situación de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), institución que desde hace 76 años constituye un pilar fundamental de la investigación y desarrollo tecnológico en Argentina. Los números que justifican la alarma son contundentes: la CNEA ha experimentado una reducción presupuestaria del 45,4% desde el inicio de la gestión actual, llegando a su nivel más bajo en dos décadas.
Las cifras revelan un cuadro de deterioro sistemático en la infraestructura científica. La inversión en infraestructura y equipamiento de la CNEA se redujo en 53,4% en moneda constante durante los últimos tres años, lo que impacta directamente en la capacidad operativa de una institución que gestiona tres Centros Atómicos estratégicos: Bariloche, Constituyentes y Ezeiza.
El desfinanciamiento tiene consecuencias inmediatas en el recurso humano. La dotación de personal de la CNEA se redujo en más de 400 agentes, y los salarios experimentaron caídas dramáticas: 32,1% desde noviembre de 2023 y 58,2% desde diciembre de 2015. Esta erosión salarial acelera la fuga de científicos altamente calificados hacia el exterior o hacia otros sectores, debilitando las capacidades nacionales de investigación.
Una de las consecuencias más visibles del desfinanciamiento es la paralización del Proyecto CAREM, iniciativa tecnológica de relevancia estratégica que quedó suspendida por falta de presupuesto. Se trata de un símbolo del impacto concreto que los recortes generan en la innovación nacional.
Los Centros Atómicos de la CNEA no funcionan en aislamiento: son nodos de una red compleja que involucra múltiples actores del ecosistema científico. La CNEA es parte fundante de la Red de Centros de Medicina Nuclear y Radioterapia distribuida federalmente en Argentina, lo que significa que los recortes afectan también la calidad de los servicios médicos especializados disponibles en el territorio nacional.
Bajo el paraguas de la CNEA funciona un sistema de institutos superiores de excelencia académica. El Instituto Balseiro, creado en 1955 mediante convenio entre la CNEA y la Universidad Nacional de Cuyo, forma investigadores de nivel internacional. Más recientemente, el Instituto Sabato (1993) y el Instituto Dan Beninson (2006), ambos resultados de acuerdos con la UNSAM, completan una oferta educativa de posgrado que incluye Especializaciones, Maestrías y Doctorados en Ciencias Físicas e Ingenierías Nuclear, Mecánica, Telecomunicaciones y Materiales.
Estos institutos no solo forman recurso humano; también generan conocimiento aplicado que nutre un ecosistema empresarial de tecnología de punta. Desde la CNEA han surgido empresas de alcance internacional como CONUAR, FAE e INVAP SA, que representan el potencial de innovación que existe cuando hay estabilidad institucional y presupuestaria.
El desfinanciamiento de la CNEA no es un problema puntual sino resultado de políticas de largo plazo. Los datos reflejan caídas sostenidas: desde noviembre de 2023, los salarios cayeron casi un tercio; desde 2015, casi el 60%. El presupuesto llegó a su punto más bajo en veinte años, un indicador de que la institución ha estado bajo presión permanente independientemente de los ciclos políticos recientes.
La marcha nacional de este miércoles representa un punto de quiebre en el silencio del sector. La ciencia argentina, que durante décadas fue considerada un activo estratégico, reclama nuevamente ser tratada como tal. La convocatoria que unió físicamente a investigadores desde Río Negro hasta Buenos Aires refleja la magnitud de la preocupación dentro de la comunidad científica y académica, que teme perder capacidades que tardaron décadas en construirse y que, una vez disueltas, son difíciles de recuperar.
La pregunta central que emerge de esta mobilización es si existe voluntad política nacional para revertir el deterioro de un sistema de investigación que ha mostrado, históricamente, capacidad de generar innovación de nivel mundial con presupuestos limitados. Los números actuales sugieren que esa voluntad aún no se manifiesta en las partidas asignadas.