Camila Fabbri lanzó en octubre de 2026 «El año de la serpiente», novela que mezcla casos policiales reales, personalidades tóxicas y el horror de lo ordinario. La trama investiga un olor extraño en un edificio.

La escritora, dramaturga y directora Camila Fabbri publicó en octubre de 2026 a través de la editorial Anagrama su nueva novela El año de la serpiente, un trabajo que se sumerge en el lado más perturbador de la vida urbana argentina: la investigación de un olor inexplicable en un edificio que desencadena revelaciones sobre violencia doméstica, misoginia organizada y la psicología de personajes fractrados. La novela representa el retorno de Fabbri a la escritura de largo aliento después de La reina del baile, finalista del Premio Herralde en 2023, y consolida su voz como una de las más relevantes de la narrativa nacional contemporánea.
El año de la serpiente se construye alrededor de un misterio aparentemente simple pero profundamente inquietante: la irrupción de un olor desconocido en un edificio que pone en movimiento a sus habitantes. El núcleo investigativo se concentra en el departamento 5°C, donde comienzan a converger secretos enterrados, dinámicas relacionales tóxicas y capas de culpa. Entre los personajes centrales figura Aldana, una mujer de 52 años con una sensibilidad particular por el orden y la limpieza —características que la vuelven especialmente vulnerable al caos que el misterio instala en su entorno cotidiano.
La estructura de la novela es deliberadamente compleja: capítulos intercalados que avanzan y retroceden en el tiempo, permitiendo que el lector descubra simultáneamente lo que ocurre en el presente y cómo llegaron los personajes a ese punto de quiebre. Fabbri, quien nació en Buenos Aires en 1989, utiliza aquí su formación teatral para esculpir voces, cuerpos y las contradicciones internas de sus personajes, herramienta que ya había demostrado en obras anteriores como Los accidentes y El día que apagaron la luz, su intervención sobre la tragedia de Cromañón.
Uno de los aspectos más logrados de la novela es su tratamiento de la toxicidad y la violencia no como rasgos monolíticos de un "villano", sino como procesos graduales, casi imperceptibles, que germinan en contextos de aislamiento y sometimiento. En la trama aparece el personaje Simón, quien vive con una serpiente y se encuentra atrapado bajo la influencia dominante de su madre. Su hermano, Facundo, es creador de un grupo misógino, lo que sitúa la novela en conversación explícita con fenómenos contemporáneos de radicalización digital y organización del odio contra las mujeres.
Fabbri ha declarado que no quería construir deliberadamente un villano en estos personajes. "Me interesaba que fuera un personaje con muchas características, algunas de las cuales no fueran tan conscientes ni tan deliberadas al principio", señaló la autora. Su intención fue rastrear cómo "a veces, cuando conocés a una persona así, el odio aparece de una manera mucho más gradual: en comentarios sutiles, en observaciones que pueden parecer menores, hasta que termina convirtiéndose en una forma de mirar el mundo". Este enfoque desestabiliza al lector: no hay un antes claro donde el personaje era inocente y un después donde se vuelve monstruoso. Hay un continuo donde lo cotidiano se corrupta desde adentro.
La novela está enraizada en hechos policiales concretos que funcionan como piedras de toque para su ficción. En 1989, en Vicente López, la policía descubrió dos cuerpos en descomposición dentro de una bañera en una vivienda. Una de las hipótesis entonces descartadas sugería la mordida de una mamba negra —un dato que Fabbri recupera con precisión literaria, convirtiendo lo absurdo investigativo en plausibilidad narrativa. El título mismo, El año de la serpiente, dialoga con esa singularidad histórica.
Además, la novela se nutre de un caso más reciente: la detención en octubre de 2025 de Pablo Rodríguez Laurta, fundador de la plataforma antifeminista Varones Unidos, acusado de femicidio y asesinato. Este acontecimiento —que marca el contexto contemporáneo de violencia organizada contra las mujeres— opera en la novela no como reportaje sino como tejido ideológico que los personajes respiran sin saberlo del todo.
Fabbri ha expresado que su interés central está en descubrir "el momento extraordinario en que la vida común y corriente pierde su apariencia inofensiva". La novela propone que el horror no reside únicamente en actos espectaculares, sino en cómo la cotidianidad —una conversación en un pasillo, una observación sobre el género, una costumbre familiar repetida mil veces— puede incubar violencia. Los temas que atraviesan El año de la serpiente incluyen la soledad urbana, los vínculos afectivos dañados, el movimiento incel y las formas en que la misoginia se metaboliza en ámbitos domésticos y comunitarios.
Con esta novela, Fabbri consolida una búsqueda que iniciara años atrás: la de hacer del lenguaje un instrumento para iluminar las grietas por las que se cuela el mal, no como melodrama, sino como resultado inevitable de estructuras, repeticiones y silencios cómplices. El año de la serpiente es, en ese sentido, una novela urgente para el presente argentino.