Brasil define su futuro político este domingo con una segunda vuelta extremadamente competitiva. Unos 158,7 millones de votantes elige entre el presidente Luiz Inácio Lula da Silva y el senador ultraderechista Flávio Bolsonaro, en lo que representa una de las elecciones más cerradas de la región.

Este domingo, los brasileños acuden a las urnas en una jornada que definirá el rumbo político no solo de Brasil, sino también de toda América Latina. La contienda enfrenta al mandatario de izquierda Luiz Inácio Lula da Silva contra el senador ultraderechista Flávio Bolsonaro en una segunda vuelta de características únicas.
Aproximadamente 158,7 millones de votantes habilitados fueron convocados a participar de esta segunda vuelta presidencial. En paralelo, los electores también elegirán a seis gobernadores regionales que completarán la administración de sus estados. El resultado de estas elecciones trascenderá las fronteras brasileñas, marcando si el país mantiene su posición como bastión izquierdista regional o se suma al giro derechista que impulsa la administración Trump en el continente.
La polarización queda reflejada en los guarismos de la primera vuelta. Flávio Bolsonaro obtuvo el 47,03% de los votos, apenas superando a Lula, quien alcanzó el 45,16%. Este margen mínimo de diferencia augura una segunda vuelta sumamente disputada, donde cada voto cuenta de manera determinante.
Las secciones de votación abrieron puntualmente a las 8:00 horas locales (11:00 GMT) y permanecerán habilitadas hasta las 17:00 (20:00 GMT). En el exterior, 919.000 personas se registraron para ejercer su derecho de voto, un incremento significativo del 32% respecto a los comicios de 2022.
El presidente brasileño votó en la mañana en la escuela João Firmino Correia de Araújo, ubicada en São Bernardo do Campo, municipio adyacente a São Paulo donde inició su carrera política como líder sindical en los años setenta. Tras emitir su voto alrededor de las 10:02 horas locales, Lula enfatizó que durante esta campaña electoral se produjeron las mayores manifestaciones políticas en los últimos 50 años en Brasil.
El mandatario, quien aspira a un cuarto mandato no consecutivo, sostuvo que el pueblo salió a las calles con el propósito fundamental de defender sus conquistas sociales y económicas. A los 81 años —cumplirá años esta próxima semana—, Lula busca una remontada tras quedar en segundo lugar en la primera vuelta.
Por su parte, Flávio Bolsonaro emitió su voto veinte minutos después de la apertura de las mesas en la escuela municipal Barão Homem de Mello, en el barrio de Vila Isabel de Río de Janeiro. El candidato ultraderechista, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, lanzó un llamado emocional a la ciudadanía.
"Brasil va a cambiar. Brasil va a vencer", proclamó el senador, instando a los votantes a acudir a las urnas "haga lluvia o haga sol". Bolsonaro aprovechó para criticar la administración de Lula, argumentando la necesidad de reorganizar al país tras cuatro años de gestión izquierdista.
La segunda vuelta se vivió también con intensidad en el extranjero. En Madrid, miles de residentes brasileños acudieron a votar en el colegio Blanca de Castilla. Aunque la jornada transcurrió de manera ordenada durante la mañana, se registraron algunas tensiones cuando votantes de diferentes filiaciones políticas se enfrentaron verbalmente en las proximidades del centro de votación, debiendo intervenir las trabajadoras organizadoras para separarlos.
Los analistas esperan una disminución de la abstención registrada en la primera vuelta, que alcanzó el 21,08%—la más elevada desde 1998. Esta cifra, combinada con la cercanía de los números entre ambos candidatos, augura un resultado electoral que podría definirse por márgenes estrechos.
Desde la perspectiva argentina y regional, el resultado de estos comicios brasileños representa una significación mayor. Un triunfo de Lula reforzaría los gobiernos de izquierda en América Latina, mientras que una victoria de Bolsonaro inauguraría un nuevo período de predominio derechista en la región, alineando a Brasil con las políticas impulsadas desde Estados Unidos bajo la administración Trump.
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