Andrés Schipani, editor de "Pobreza. La grieta que importa", advierte que Argentina enfrenta el mayor crecimiento de pobreza en 50 años. La informalidad y el colapso educativo son claves.

Andrés Schipani, doctor en Ciencias Políticas y editor del libro 'Pobreza. La grieta que importa', presentó un diagnóstico alarmante sobre la situación de vulnerabilidad en Argentina: el país experimenta el mayor crecimiento de pobreza en los últimos 50 años comparado con otros países latinoamericanos, una tendencia que expertos vinculan directamente a la erosión del empleo formal y los esquemas educativos deficientes que reproducen la desigualdad de generación en generación. La advertencia surge en un contexto donde aproximadamente 8 millones de trabajadores argentinos están en la informalidad y se perdieron 230.000 empleos registrados en los últimos dos años, acelerando un proceso de precarización que comenzó hace cuatro décadas.
El libro, que convocó a aproximadamente diez cientistas sociales, plantea cinco ejes de intervención estatal para detener la transmisión intergeneracional de la pobreza. Estas políticas abarcan desde garantizar estabilidad macroeconómica como base para cualquier recuperación laboral, hasta diseñar un plan específico para jóvenes que evite que una generación completa quede fuera del mercado de trabajo formal. Complementando esa estrategia, los autores subrayan la necesidad de avanzar en formalización de trabajadores, implementar diseños educativos adaptados a las realidades locales y desplegar un programa integral de primera infancia que rompa el ciclo de privación antes de que se consolide.
Los números evidencian la brecha estructural que se abrió en la economía argentina. Quienes trabajan de manera informal tienen más del doble de probabilidades de ser pobres comparados con empleados del sector formal, según los datos que maneja el equipo de Schipani. Esta diferencia no es accidental: refuerza un mecanismo perverso donde la falta de protección laboral, acceso a beneficios sociales y capacidad de ahorro condena a millones a permanecer en la pobreza, sin herramientas para mejorar su situación o la de sus hijos.
Los 230.000 empleos registrados perdidos en los últimos dos años aceleran este proceso, mientras que el desempleo informal aumentó proporcionalmente más que la creación de empleo formal. Se trata de un fenómeno que trasciende ciclos económicos puntuales: es el reflejo de una transformación estructural del mercado laboral argentino que requiere intervención profunda y coordinada.
Argentina fue históricamente una excepción regional en términos de integración social. Hasta los años 80, el país funcionaba como una sociedad salarial con capas populares bien integradas, donde un trabajador con educación básica podía acceder a empleos formales que le permitían construir una familia, ahorrar y proyectar un futuro para sus hijos. Desde entonces, ese modelo entró en crisis: cuatro décadas de precarización creciente transformaron el mercado laboral en un espacio donde la informalidad dejó de ser una excepción temporal para convertirse en la norma para millones.
Schipani identifica el deterioro educativo como complementario a la crisis del empleo. Cuando un niño nace en un hogar con trabajadores informales, sus posibilidades de acceso a educación de calidad se reducen significativamente. Sin educación sólida, las chances de escapar a la informalidad en la vida adulta se minimizan. El resultado es un círculo cerrado donde la pobreza se hereda, no se supera. Los diseños educativos tradicionales, pensados para contextos de mayor estabilidad, fracasan en zonas donde la supervivencia cotidiana compite con la asistencia a clases.
En su análisis, Schipani subraya que implementar estas cinco políticas requiere coordinación entre niveles de gobierno. Según el experto, "Esto requiere mucha cooperación entre el Estado Nacional y los municipios, de las capacidades estatales. Y eso no está sobrando porque ponen adelante la pelea política, pero no se dan cuenta que un día, cuando ese problema estalle, no hay vuelta atrás". La advertencia apunta a un riesgo político concreto: postergar soluciones integrales en la batalla cotidiana de agendas fragmentadas podría llegar a un punto de inflexión donde la magnitud del problema inhabilite cualquier remedio efectivo.
La combinación de informalidad masiva, pérdida acelerada de empleos registrados y deterioro educativo en Argentina no es una coyuntura pasajera sino un cambio estructural que requiere políticas que trasciendan gobiernos. El libro de Schipani y sus colegas intenta ofrecer un roadmap, pero su implementación dependerá de voluntad política y capacidad de coordinación que, hasta el momento, permanece fragmentada.