Leandro Petersen, exgerente de marketing de la AFA, fue forzado a renunciar tras su interés en competir por Boca. Claudio Tapia orquestó su salida, según denuncias.

Leandro Petersen, exgerente de marketing de la AFA, renunció a su cargo el viernes anterior al 4 de agosto de 2026, durante el Sponsor Day de la entidad, tras ser forzado a abandonar su posición por Claudio Tapia. La salida se enmarca en una interna institucional desatada cuando Tapia se enteró del interés de Petersen en competir por la presidencia de Boca Juniors con apoyo del empresario Marcos Galperín. El conflicto, que cobró dimensión pública cuando trascendió el rol de Petersen como testigo clave en una investigación de la Justicia estadounidense contra Tapia, pone en evidencia las dinámicas de poder al interior de la principal organización del fútbol argentino y cómo operan sus mecanismos de control.
Según información que circuló en medios especializados, emisarios de la AFA se presentaron ante Petersen durante el Mundial de Estados Unidos, México y Canadá con un mensaje claro: renunciar antes del 5 de agosto o enfrentar consecuencias. La amenaza fue explícita: "Si no renunciás antes del 5 de agosto, te sacamos nosotros", según trascendió. Esta presión ejercida durante un evento de magnitud mundial —donde Petersen había sido invitado incluso a periodistas a ver el partido Argentina vs Austria— configura un escenario donde la intimidación institucional jugó un papel central en la toma de decisiones de un ejecutivo que, hasta ese momento, ocupaba una posición relevante en la estructura de la AFA.
Lo que ha agravado la situación para Tapia es que Petersen es mencionado como testigo clave en una investigación de la Justicia estadounidense que lo involucra junto a Pablo Toviggino y Javier Faroni, acusados de participar en la contratación de partidos amistosos en condiciones sospechosas. La investigación tiene origen en una denuncia del empresario Guillermo Tofoni y ha cobrado impulso con la cooperación de Petersen. Mientras el exgerente de marketing aceptó voluntariamente que el FBI retuviera su teléfono celular y computadora en el aeropuerto de Estados Unidos —facilitando el acceso a información sensible—, Tapia adoptó una postura diametralmente opuesta al rechazar el requerimiento de la agencia federal estadounidense. Esta diferencia de actitudes frente a la Justicia estadounidense marca un contraste significativo: el empleado que fue obligado a irse colabora con las autoridades; el presidente de la AFA resiste y se cierra.
La investigación del FBI apunta a irregularidades en la contratación de partidos amistosos, en particular los vinculados a Javier Faroni, quien habría estado involucrado en estas gestiones desde 2021 en adelante. El esquema bajo investigación sugiere que hubo una operación sistemática que atravesó varios años y probablemente múltiples administraciones de la AFA. El rol de Petersen en este sistema aún no ha sido completamente ventilado, pero su condición de testigo y su disposición a cooperar lo posiciona como una pieza fundamental para que la Justicia estadounidense arme el rompecabezas de cómo operaban estas contrataciones y quiénes se beneficiaban de ellas.
Un detalle que no pasa desapercibido es que Tapia cambió su número telefónico después de regresar del Mundial, un movimiento que especialistas en comunicaciones institucionales suelen asociar con intentos de crear distancia tras eventos de crisis o cuando se anticipan acciones legales. Este comportamiento, combinado con su rechazo a cooperar con el FBI, traza un patrón que sugiere una estrategia defensiva más allá de la mera coincidencia. Mientras tanto, Petersen, quien fue intimidado para que renunciara, eligió el camino opuesto: colaborar con las autoridades.
La salida de Petersen y la investigación en marcha plantean interrogantes profundos sobre la gobernanza de la Asociación del Fútbol Argentino. La intimidación de un ejecutivo para forzar su renuncia justo cuando sus conocimientos son requeridos por la Justicia estadounidense genera cuestionamientos sobre los mecanismos de poder dentro de la institución y sobre cómo se procesan los conflictos internos. Si bien Petersen no fue acusado de delito alguno y fue presionado para irse, su disposición posterior a cooperar contrasta con la resistencia de Tapia y abre un panorama donde la Justicia estadounidense podría tener acceso a información que refuerce la investigación sobre operaciones que comprometieron la reputación del fútbol argentino en el exterior.
La pulseada entre Petersen y Tapia, que comenzó como un conflicto interno sobre ambiciones políticas en Boca, ha escalado hacia un escenario donde un órgano de justicia internacional está en el medio. Resta confirmar si la investigación avanzará y qué testimonios o evidencia electrónica permitirán desplegar. Lo que está claro hasta ahora es que la salida de Petersen de la AFA no cerró ningún capítulo; al contrario, abrió varios interrogantes sobre cómo operan internamente una de las organizaciones deportivas más influyentes del país.