El músico y cantautor uruguayo Rubén Rada murió este miércoles a los 83 años tras un mes de lucha contra una neumonía bilateral. Su legado permaneció vivo en generaciones.

Rubén Rada, el legendario músico y cantautor uruguayo que marcó generaciones con su música y carisma, murió el miércoles a los 83 años. La causa fue neumonía bilateral tras casi un mes de internación en el que luchó contra la enfermedad. Su desaparición cierra un ciclo de más de seis décadas en la música de América Latina, donde dejó un rastro indeleble con temas que trascendieron estadios y barrios.
Rada fue un personaje icónico del rock y el folklore urbano rioplatense. Su carrera despegó como integrante del grupo Los Shakers, una de las bandas pioneras del rock en español, pero fue su trayectoria solista la que consolidó su leyenda. "Canté lo que quise en cualquier lugar, tuve una buena vida", dijo en su última entrevista pública, una reflexión sobre una vida dedicada sin compromisos a la música y la libertad artística.
La historia de Rubén Rada no fue la de un privilegiado. Su infancia estuvo marcada por la carencia. Según contó en la entrevista emitida en el ciclo 'He vivido' de Telefe Noticias en 2022, creció en contexto de pobreza extrema, comiendo una sola vez al día. La necesidad lo obligó a trabajar desde niño: hacía mandados y abría las puertas de los taxis para obtener alimento. Esas vivencias de lucha permanecieron siempre en su memoria y moldearon su visión del mundo.
En sus propias palabras recordó esos años duros: "En casa no me podía alimentar bien porque eran épocas difíciles, no había mucha comida, comíamos una vez al día y la demás la conseguíamos nosotros haciendo mandados, abriendo las puertas de los taxis". Sin embargo, aquella infancia atravesada por la necesidad no lo volvió amargo; al contrario, le dio un sentido de gratitud hacia la vida que luego expresaría en canciones y en su relación con la gente.
Rada inicialmente soñaba con ser futbolista. Ese era el sueño de muchos niños pobres uruguayos: encontrar en el fútbol una escalera de salida. Pero el destino tenía otro plan. Todo cambió cuando entró en una comparsa local y experimentó por primera vez el poder de la música. Esa revelación fue determinante: descubrió su verdadera vocación mientras hacía imitaciones de grandes cantantes como Carlos Gardel y Louis Armstrong. La música no solo era una salida; era su lenguaje natural.
Con Los Shakers, su música viajó hasta Buenos Aires, donde el grupo se consolidó como referente del rock latinoamericano. Sin embargo, su permanencia en la banda fue conflictiva. Fue excluido de Los Shakers en circunstancias que marcaron un quiebre en su carrera, pero Rada tomó una decisión crucial: no regresó a Uruguay. Se quedó en Argentina, apoyado por su pareja Patricia, con quien formó familia, y desde allí construyó una carrera que superaría por mucho lo que pudo lograr con el grupo.
La carrera solista de Rada fue prolífica y conectó con un público masivo. Compuso y popularizó temas que se convirtieron en himnos del folklore urbano: "Cha Cha Cha Muchacha" y "Muriendo de plena" son apenas dos ejemplos de una discografía amplia que resonó en radios, bares y, especialmente, en los estadios de fútbol. Sus canciones tenían una cualidad única: hablaban del barrio, de la calle, de la vida cotidiana, con una energía contagiosa que hacía que multitudes las corearán.
En su última reflexión pública, Rada miró atrás con una serenidad que solo otorga una vida plena: "Yo pienso que tuve una buena vida, no tengo de qué quejarme. Mis hijos están bien, he cantado lo que quise en cualquier lugar, me divertí, he comido, he paseado". Esas palabras resumen mejor que cualquier biografía la trayectoria de un hombre que transformó la adversidad en arte y la marginación en un grito de libertad musical.
La muerte de Rada representa una pérdida significativa para la música rioplatense y latinoamericana. Su influencia trascendió generaciones y supo mantener una coherencia artística pocas veces vista: siempre fue fiel a su visión, a sus raíces, a su gente. No fue un artista que buscara la sofisticación académica ni las modas pasajeras; fue un creador de la calle para la calle, un músico que llevaba en cada nota la vivencia de sus años de hambre y esperanza.
Los estadios que coreaban sus canciones, la radio que transmitía sus temas, los bares y las comparsas que lo recordaban como pionero: todo eso forma parte ahora de su legado tangible. Pero más allá de eso, queda su testimonio personal, sus palabras en esa última entrevista de 2022, donde dejó constancia de que una vida dedicada a la libertad artística, sin transacciones ni claudicaciones, era posible incluso viniendo de la pobreza y enfrentando adversidades constantes. Esa fue la lección final de Rubén Rada.