Lula da Silva remontó la derrota de la primera vuelta y derrotó a Flávio Bolsonaro en el balotaje con 51,76% de los votos, convirtiéndose en el primer presidente brasileño en ganar una segunda ronda tras perder la inicial. Ahora gobernará por un cuarto mandato no consecutivo.

Brasil presenció este domingo un hecho sin precedentes desde el retorno de la democracia: Lula da Silva venció en balotaje después de quedar en segundo lugar en la primera vuelta. El mandatario del Partido de los Trabajadores obtuvo 51,76% de los votos frente al 48,24% de Flávio Bolsonaro, logrando así un cuarto mandato que lo posiciona como una figura única en la historia presidencial brasileña.
El giro fue dramático. En la primera contienda del 4 de octubre, Lula acumulaba apenas 45,1% mientras Bolsonaro sacaba 47%, sorprendiendo a las encuestadoras. Desde que Brasil recuperó las elecciones directas en 1989, el candidato que lideraba la primera vuelta siempre llegaba al Palacio de Planalto. Hasta hoy, ese patrón se rompió.
Apenas reconoció la derrota inicial, el líder petista desató una máquina electoral sin igual. Su comando desplegó un paquete de políticas sociales agresivo para acortar la diferencia en poco más de tres semanas. La campaña giraba alrededor de derechos sociales, inversión pública, seguridad con inteligencia y preservación de la Amazonía.
El Gobierno amplió Bolsa Família en 15% la semana previa a los comicios, beneficiando a casi 50 millones de personas con un costo de 5.800 millones de reales (USD 1.168 millones). Simultáneamente, aprobó en el Congreso la reducción de la semana laboral de 44 a 40 horas sin pérdida salarial, una medida que el mismo Bolsonaro terminó respaldando.
En materia de precios, la administración eliminó por 30 días los impuestos federales a gasolina e importaciones, con subsidio para diésel, por 5.200 millones de reales. También lanzó créditos públicos a bajo interés, incentivos fiscales para pequeños negocios y planes de refinanciación para eliminar antecedentes de morosidad de millones de brasileños de bajos ingresos.
Lula presentó el balotaje como una contienda por la democracia misma. La izquierda movilizó a sus simpatizantes bajo la consigna "Nunca más Bolsonaro", cuestionando la gestión de la pandemia que dejó 700.000 muertos y los recortes a programas sociales del ex presidente Jair Bolsonaro.
"El cambio no es privar a la gente de sus derechos", respondió Lula a las promesas de su adversario con una advertencia sobre la protección social. El mandatario incluso acusó a Flávio de querer "gobernar con la bandera estadounidense", contrastando su visión nacionalista.
Entre sus compromisos para el próximo mandato, Lula planea fortalecer el Sistema Único de Seguridad Pública con R$ 10.000 millones (USD 1.900 millones) en financiamiento para equipamiento de estados. La propuesta incluye crear un Ministerio de Seguridad Pública, coordinación entre fuerzas federales y estaduales, persecución financiera de crimen organizado y urbanización de barrios vulnerables.
En lo ambiental, la cifra es contundente: desde 2023, la deforestación cayó 45% hasta su nivel más bajo en una década. Durante Bolsonaro había crecido 60%, superando los 45.000 kilómetros cuadrados talados. La Amazonía se convirtió en un tema electoral central.
La reelección de Lula abre interrogantes sobre las relaciones bilaterales con Estados Unidos. En 2025, la administración Trump impuso aranceles de hasta 50% a productos brasileños, vinculando públicamente la medida con los procesos judiciales contra Bolsonaro. Un gobierno Bolsonaro habría normalizando ese vínculo; con Lula se mantiene la incertidumbre.
Durante su mandato, el presidente buscó reforzar el multilateralismo, integración regional con el Mercosur, cooperación con el Sur Global y autonomía frente a grandes potencias. Su regreso consolida esa estrategia de política exterior.
Lula llegó a esta séptima elección presidencial con la experiencia de haber ganado balotajes anteriores. Su confianza en poder remontar el resultado se confirmó. Ningún otro mandatario en Brasil ha conseguido cuatro mandatos presidenciales, menos aún no consecutivos. El resultado consolida su legado como figura central de la política brasileña contemporánea.
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