Mientras el Presidente acumula giras internacionales y percibe un salario mensual superior a los $4 millones, el salario mínimo se ubica en $391.200 y la jubilación mínima con bono llega a $505.749. Los datos oficiales permiten dimensionar el contraste entre los recursos del poder y los ingresos de millones de argentinos.

La discusión sobre el costo de vida volvió al centro de la escena después de que Javier Milei cuestionara a quienes aseguran que no llegan a fin de mes. «Si se quedan sin plata verdaderamente, ¿me pueden decir cómo hacen para vivir 10 días sin comer ni beber?», planteó el Presidente durante una exposición en Neuquén, en una frase que generó fuertes críticas de dirigentes opositores.
Pero, más allá de la controversia política, existe una pregunta que puede analizarse con números: ¿cuál es la distancia entre los ingresos de un trabajador que cobra el salario mínimo, los de un jubilado y los recursos que percibe el jefe del Estado?
Los datos sobre remuneraciones, viajes presidenciales y empleo registrado ofrecen una radiografía de esa brecha. También exponen un problema de transparencia: no todos los gastos de las giras internacionales se encuentran publicados de manera completa y desagregada.
Según datos oficiales recopilados por Chequeado, el sueldo mensual del Presidente permanecía congelado en $4.066.018, monto vigente desde diciembre de 2023. La remuneración presidencial no recibió los aumentos aplicados posteriormente a otros funcionarios de la administración nacional.
En octubre de 2026, el Salario Mínimo, Vital y Móvil se ubica en $391.200 mensuales para los trabajadores que cumplen una jornada legal completa, de acuerdo con la Resolución 4/2026.
La comparación es directa:
- Sueldo mensual presidencial: $4.066.018
- Salario mínimo mensual: $391.200
- Diferencia: $3.674.818 por mes
- Equivalencia: el sueldo presidencial representa aproximadamente 10,4 salarios mínimos
Es importante aclarar que se trata de una comparación entre remuneraciones mensuales publicadas, no de una estimación del patrimonio personal del Presidente ni de sus gastos privados.
El salario presidencial, además, perdió poder adquisitivo desde que quedó congelado. Fuentes estiman que la caída real de esa remuneración alcanzó el 69,6% desde diciembre de 2023, al considerar la inflación acumulada hasta mayo de 2026.
Para dar dimensión histórica al dato: el salario mínimo de $391.200 equivale, en términos de poder adquisitivo real, a uno de los niveles más bajos de los últimos diez años. Según estimaciones basadas en datos del INDEC, el salario mínimo de octubre de 2026 compra aproximadamente un 28% menos que el de octubre de 2019 en términos de canasta básica alimentaria, y un 19% menos que el de octubre de 2023, el mes previo a la asunción de Milei.
Desde el Gobierno, la respuesta a esta comparación es que la inflación heredada —que en diciembre de 2023 llegó al 211% anual— erosionó los salarios antes de que cualquier política pudiera recomponerlos, y que la estabilización de precios conseguida en 2024-2025 es condición previa para que el salario recupere poder de compra. El dato está: la inflación mensual bajó del 25% en diciembre de 2023 al 2,4% en septiembre de 2026. Si esa tendencia se sostiene, cuándo y cómo se traslada al bolsillo de los trabajadores es la pregunta que los números aún no responden.
La distancia también aparece cuando se compara el ingreso presidencial con el de quienes dependen de una jubilación.
Para octubre, la jubilación mínima del sistema previsional nacional quedó establecida en $435.748,51. Con el bono extraordinario de hasta $70.000, quienes reúnen las condiciones para cobrarlo perciben un total de $505.748,51.
Ingreso mensual / Monto:
- Sueldo presidencial publicado: $4.066.018
- Jubilación mínima con bono: $505.749
- Jubilación mínima sin bono: $435.749
- Salario mínimo: $391.200
El sueldo presidencial equivale a aproximadamente ocho jubilaciones mínimas con bono o más de diez salarios mínimos.
La comparación no significa que el Presidente deba percibir lo mismo que un jubilado: son funciones y regímenes distintos. Sin embargo, permite dimensionar las diferencias de ingresos en un país donde los adultos mayores deben afrontar alimentación, medicamentos, servicios y vivienda con haberes limitados.
El 21 de septiembre, Página/12 informó que Milei se preparaba para realizar su viaje número 45 al exterior desde el inicio de su gestión. El mismo informe señaló que Estados Unidos concentraba 18 de esos viajes y que el mandatario todavía no había visitado nueve provincias argentinas.

En octubre 2026, el Presidente realizó una nueva visita a Estados Unidos, la quinta del año y la número 20 a ese país desde que asumió. Su agenda incluyó encuentros con empresarios, actividades vinculadas con la política exterior y discursos ante organizaciones empresariales.
El 20 de octubre, además, inició un nuevo viaje a España, su séptima visita a ese país desde que fue elegido presidente. La agenda prevista incluía actividades vinculadas con referentes políticos de la derecha española.
El recorrido internacional de Milei incluye destinos como Estados Unidos, España, Italia, Suiza, Israel, Brasil, Alemania, Francia, Hungría y Chile, entre otros.
Para dimensionar si la cantidad de viajes es inusual, vale la comparación histórica: Mauricio Macri realizó alrededor de 50 viajes al exterior durante sus cuatro años de mandato; Alberto Fernández, en contexto de pandemia, realizó significativamente menos. Milei, con 45 giras en menos de dos años de gestión, supera el ritmo de sus predecesores recientes.
Desde la Cancillería y la Presidencia, el argumento oficial es que esas giras forman parte de una estrategia deliberada de reinserción internacional de la Argentina tras años de aislamiento diplomático, y que permitieron acercar inversiones, reforzar el acuerdo con el FMI y proyectar a Milei como referente del liberalismo global. Qué porcentaje de esos objetivos se tradujo en resultados concretos y medibles para la economía doméstica es información que el Gobierno no ha detallado de manera sistemática.
Los gastos internacionales constituyen uno de los puntos más discutidos de la gestión.
De acuerdo con un análisis basado en datos de Presupuesto Abierto y en información de la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ), la partida de viáticos y pasajes de la Secretaría General de la Presidencia proyectó para 2026 un gasto de $4.112 millones, frente a unos $2.531 millones ejecutados durante 2025. La diferencia representa un incremento presupuestario proyectado del 62,5%. Es fundamental distinguir estos números: los $4.112 millones corresponden a una previsión presupuestaria, no a la confirmación de que todo ese dinero ya fue gastado.
También se conocieron cifras parciales de las giras de comienzos de 2026. Según información oficial obtenida mediante pedidos de acceso a la información pública:
- Los ocho viajes realizados durante los primeros cuatro meses de 2026 implicaron casi US$970.000 en combustible del avión presidencial
- Los gastos de alojamiento de Milei y varios integrantes de su equipo alcanzaban aproximadamente US$130.000
- El costo acumulado de ese período superaba el millón de dólares, sin incluir un desglose completo de todos los conceptos y participantes
La respuesta oficial ante estas críticas es que el avión presidencial también es usado para traslados de funcionarios en misiones de Estado y que el costo del combustible incluye vuelos de regreso vacíos que son inherentes al protocolo de seguridad presidencial. Además, el Gobierno señaló que algunos gastos de alojamiento son cubiertos por los países anfitriones o por organizaciones que invitaron al Presidente.
Sin embargo, esos argumentos son difíciles de verificar de forma independiente precisamente porque no existe un registro público unificado que permita cruzar quién pagó qué en cada gira. La ausencia de esa información no prueba irregularidades, pero sí impide descartar que las haya. En un Gobierno que hizo del ajuste su principal bandera, la transparencia sobre el gasto presidencial debería ser un estándar mínimo, no una excepción.
Mientras continúa la discusión sobre las giras presidenciales, los datos laborales muestran otra dimensión de la economía argentina.
Según cifras del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) publicadas por Infobae en julio de 2026, entre noviembre de 2023 y abril de 2026 se perdieron 329.667 puestos de trabajo asalariados registrados en el segmento analizado.
El empleo asalariado registrado cayó un 3,2% respecto de noviembre de 2023. En abril de 2026, además, registró una disminución mensual del 0,1% y una caída interanual del 1,4%.

Para ser precisos con las dos caras del dato: si bien el empleo asalariado registrado cayó, el Gobierno señala que el empleo independiente mostraró señales de recuperación en 2025-2026, y que la tasa de desempleo total se mantuvo relativamente estable. La lectura oficial es que parte de los trabajadores que salieron del empleo formal encontraron ocupación en el sector informal o independiente.
El problema con ese argumento es que el empleo informal es, por definición, el más precario: sin aportes jubilatorios, sin obra social, sin aguinaldo y sin protección ante despido. Que una persona "consiga trabajo" en esas condiciones no equivale a recuperar lo que perdió. Los 329.667 puestos registrados menos representan, en muchos casos, personas que pasaron de tener derechos laborales a no tenerlos.
Las cifras permiten observar dos realidades que conviven en el mismo país.
Por un lado, un Presidente que viaja regularmente al exterior, mantiene encuentros con empresarios y referentes políticos internacionales y cobra un salario mensual publicado superior a los cuatro millones de pesos.
Por otro, trabajadores que perciben un salario mínimo de $391.200, jubilados que cobran alrededor de $506.000 con el bono completo y un mercado laboral que perdió casi 330.000 puestos asalariados registrados entre noviembre de 2023 y abril de 2026.
La comparación no implica que todos los viajes presidenciales sean innecesarios ni que el salario del jefe de Estado explique por sí mismo la situación económica.
La frase de Milei sobre quienes dicen no llegar a fin de mes abrió una controversia política. Pero el debate de fondo va más allá de una declaración.
Con un salario mínimo de $391.200, una jubilación mínima de $505.749 con bono y cientos de miles de puestos asalariados registrados menos que en noviembre de 2023, la discusión sobre el poder adquisitivo y el empleo continúa siendo central para millones de personas.
Al mismo tiempo, los gastos presidenciales requieren información pública suficiente para evaluar si cada gira justifica los recursos empleados.
La cuestión no es solamente cuánto cobra el Presidente o cuántos kilómetros recorre. Es si la política económica logra traducir sus decisiones en mejores condiciones de vida, más empleo y mayor capacidad de compra para la población.
En una Argentina donde tantas familias hacen cuentas para llegar al día 30, la transparencia sobre los gastos del poder y los resultados de la gestión no debería ser una excepción: debería ser una obligación.