En Bolívar, más de 80 perros murieron envenenados durante 2026. La SAPAV alerta sobre cebos tóxicos en espacios públicos que también ponen en riesgo a menores y adultos. Piden colaboración ciudadana para identificar al responsable.

La localidad bonaerense de Bolívar atraviesa una crisis sanitaria sin precedentes. Durante lo que va de 2026, más de 80 perros han fallecido por intoxicación en diferentes barrios de la ciudad. Los fallecimiento se concentran en zonas transitadas y espacios públicos, generando alarma entre los vecinos y las organizaciones protectoras de animales.
Solo en el último mes, al menos quince caninos perdieron la vida por la misma causa. Los animales aparecen agonizando en la vía pública, presentando síntomas idénticos en cada caso. El caso más reciente de relevancia ocurrió el 15 de julio, cuando un perro fue hallado en estado crítico en la intersección de 25 de Mayo y Uriburu, una zona de alto tránsito vehicular. Pocas horas después, otros tres casos se reportaron en sectores adyacentes.
La gravedad de la situación llevó a que la Sociedad de Amigos Protectores del Animal Abandonado (SAPAV) solicitara la intervención del municipio y la fiscalía local. Jorgelina González, integrante de la organización, confirmó que están trabajando en conjunto con las autoridades para esclarecer los hechos. "No tenemos ninguna idea de quién puede ser. Estamos trabajando articuladamente con el municipio, pidiendo cámaras, tanto las oficiales como las de los vecinos", expresó.
El municipio habilitó una línea telefónica dedicada para que los vecinos realicen denuncias y comenzó a revisar imágenes de cámaras de seguridad públicas y privadas. Sin embargo, el acceso a dispositivos de grabación particulares presenta limitaciones, ya que no todos los residentes autorizan su uso ni todos los equipos funcionan de manera continua. "Nos sería muy útil que toda la población colaborara", pidió González.
La mecánica de los hechos es similar en todos los episodios documentados. Los perros aparecen fallecidos o en estado de agonía en zonas específicas, generalmente en grupos de dos, tres o cuatro animales. "La situación se da por zonas. Nos avisan los vecinos que en una determinada calle aparecen varios perros envenenados", explicó la representante de SAPAV.
El tóxico utilizado es una sustancia de color azul mezclada con restos de comida o grasa que actúa con velocidad letal. Cuando los caninos huelen o ingieren el cebo, fallecen en cuestión de minutos. "Es un veneno irreversible. Hay algunos perros que se intoxican con otros productos y los salvan los veterinarios, pero en este caso no", detalló González. La rapidez del efecto tóxico impide que los dueños logren trasladar a sus mascotas para recibir atención veterinaria de emergencia.
Lo más alarmante es que la sustancia representa un riesgo significativo para la población en general. Los cebos permanecen en la vía pública y podrían ser manipulados accidentalmente por menores o adultos. González advirtió sobre este panorama preocupante: "En Bolívar hay niños que juegan en la vereda, van a las plazas y tampoco distinguen. Hasta el momento, gracias a Dios, no ha sucedido esta situación, pero no estamos muy lejos de que esto suceda".
Las muestras de la sustancia fueron enviadas a laboratorio para análisis detallado, aunque SAPAV ya la categoriza como mortal de rápida acción. El intendente respaldó la labor de la organización protectora y en días recientes firmó un convenio que otorgó un terreno municipal a SAPAV para continuar con su trabajo de rescate y rehabilitación.
En Bolívar existe una particularidad cultural: los perros comunitarios circulan libremente por las calles y reciben atención de varios vecinos. Esta costumbre difiere significativamente de lo que ocurre en grandes ciudades. "En el interior es común que el perro salga, dé una vuelta y vuelva a la casa. Es diferente la idiosincrasia en relación a las mascotas", explicó González.
SAPAV también enfrenta el problema de animales abandonados, particularmente galgos utilizados para caza que quedan heridos y sin dueño. La organización rescata y alberga a estos perros en su refugio, trabajando constantemente en la rehabilitación de animales víctimas de maltrato.
Para avanzar en la investigación, es fundamental la colaboración de la comunidad. El municipio mantiene cámaras en lugares estratégicos, pero la mayoría de los envenenamientos ocurren en sectores sin vigilancia oficial. Por eso, la cooperación ciudadana es esencial.
González enfatizó la necesidad de fortalecer programas educativos. SAPAV desarrolla iniciativas en escuelas llamadas "SAPAV en las escuelas", donde busca que niños de todas las edades tomen conciencia sobre la problemática animal. "Se necesita un trabajo educativo profundo. Sería fantástico que desde nivel central se pusiera como una necesidad enseñar esto dentro de la ley ambiental", concluyó.
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