Financial Times alerta sobre niveles récord de morosidad en Argentina. 5,8 millones de personas se encuentran atrasadas en obligaciones crediticias, mientras Milei descarta intervención del Estado.

Financial Times publicó un análisis que advierte sobre niveles récord de morosidad en Argentina, poniendo en relieve una crisis de endeudamiento sin precedentes en la historia reciente del país. El informe internacional subraya que mientras la inflación cayó drásticamente desde 289% a comienzos de 2024 hasta 34% en la actualidad gracias a las reformas de austeridad del gobierno de Javier Milei, existe un costo social que permanece invisible en los balances macroeconómicos oficiales: casi un tercio de los prestatarios del sistema financiero no puede cumplir sus obligaciones.
Los números son contundentes. 5,8 millones de personas se encuentran atrasadas en sus compromisos crediticios, cifra que representa uno de los porcentajes más altos jamás registrados. Este dato no es marginal: cuando se trata de deudas con proveedores no financieros, los atrasos superiores a noventa días alcanzan casi un tercio del total de operaciones, evidenciando que el incumplimiento ya no es una excepción sino una característica estructural del sistema.
La presión sobre los hogares es asfixiante. El pago de compromisos financieros absorbe el 24% de la masa salarial total de los trabajadores que mantienen deudas activas. Pero la realidad es aún más grave cuando se contempla el cuadro completo: un hogar promedio tiene comprometido cerca del 50% de sus ingresos cuando se suman gastos fijos y obligaciones crediticias. Esto significa que, en la práctica, familias trabajadoras apenas logran cubrir subsistencia y deuda, sin margen alguno para ahorro, reinversión o consumo productivo.
Esta situación ha generado una ramificación perversa: se registraron casos documentados de personas que recurrieron a crédito informal con tasas de interés de hasta 300%, una cifra que refleja la desesperación de quienes quedan excluidos del sistema financiero formal tras acumular atrasos. El mercado ilegal de dinero crece así como válvula de escape de un sistema que expulsa a millones de deudores.
La velocidad del deterioro crediticio ha sido vertiginosa. La morosidad total del crédito a personas se quintuplicó en los últimos dieciocho meses, un crecimiento exponencial que no responde a ciclos económicos ordinarios sino a la confluencia de factores: incremento de tasas de interés, reducción del poder adquisitivo de los salarios y contracción del acceso al crédito nuevo que obligan a familias a elegir entre pagar deudas antiguas o cubrir necesidades básicas.
El gobierno nacional tiene una lectura alternativa de la problemática. La Casa Rosada descartó intervenir en la cuestión de morosidad, considerándola un asunto entre privados, según expresó el presidente Milei. Esta postura refleja una filosofía política que prioriza la restricción del rol estatal por sobre políticas de mitigación o refinanciación de deudas en contextos de crisis.
Desde el ministerio de Economía, Luis Caputo señaló que los prestamistas trabajan en alternativas de refinanciación de las obligaciones vencidas. Sin embargo, estas iniciativas privadas operan sin marco regulatorio de protección al deudor, y dependen enteramente de la voluntad de los acreedores de renegociar términos. Para quienes no logran acuerdos individuales con sus bancos o prestamistas, la alternativa es el atraso continuo, el impago y la consecuente exclusión del sistema crediticio formal.
No puede ignorarse que el gobierno logró una hazaña técnica en materia de estabilización inflacionaria. Reducir la inflación anual desde 289% a 34% en menos de un año representa un quiebre con la dinámica de precios que caracterizó a la economía argentina en los años anteriores. Las reformas de austeridad implementadas por Milei—recorte de gasto público, reducción de transferencias, desregulación del mercado de trabajo—fueron efectivas en ese objetivo específico.
Pero el precio de esa estabilización se cobra en crédito congelado, familias endeudadas y un sistema financiero que expulsa a sus clientes de menor capacidad de pago. International Financial Times pone el foco precisamente en este dilema: cómo un país puede celebrar logros macroeconómicos mientras millones de sus ciudadanos pierden acceso al crédito, ven reducidos sus ingresos reales y acumulan deudas imposibles de pagar.
Hacia adelante, el panorama carece de soluciones evidentes. Si el gobierno mantiene su postura de no intervención y las instituciones financieras negocian caso por caso, es previsible que la proporción de atrasos continúe creciendo, profundizando la segmentación del mercado crediticio entre deudores solventes y poblaciones excluidas. El fenómeno del crédito informal seguirá expandiéndose como mecanismo de supervivencia.
La publicación del análisis de Financial Times coloca la cuestión de la morosidad en la agenda internacional, señalando a Argentina como un caso de estudio sobre los límites y contradicciones de políticas de ajuste ortodoxo aplicadas en contextos de crisis estructural. Mientras el gobierno sigue enfocado en indicadores macroeconómicos, la experiencia microeconómica de millones de hogares argentinos permanece en el territorio de la incertidumbre y la vulnerabilidad crediticia.